Page 97 - Crisis 12
P. 97
Reseñas y actos
Como quien oye llover
Jaime Bosque
Alfonso Elías de Molins; Como quien oye llover, Erial Ediciones, 2017.
Es la primera vez, y permítaseme trafalarios que al nal consigue lo ini-
esta aclaración, que hago la crítica de maginable para un centro psiquiátrico;
una pequeña novela, aunque sí que he Modesto, el viejo profesor de Filosofía
realizado recensiones de libros. Esta con su frase preferida de que “es más lo
novela está llena de personajes curiosos, que se ignora que lo que se sabe”, y otro
no por ello menos reales, y la he leído personaje que impacta cuando le oímos
con mucho interés, ya que el tema de la decir “el juez y mi mujer son amantes”,
misma es muy sugerente.
del que apenas sabemos nada salvo esa
He intentado seguir las aventuras frase que lo resume todo.
de C. Las he llamado aventuras porque No obstante, en el mundo de esta
todas pueden compaginarse de princi- amalgama de caracteres y personalida-
pio a n; aunque a veces el meollo de des diferentes que conforman la novela
las peripecias narradas me ha resultado echo en falta algún salón, tipo cafetería,
farragoso, y no por el hecho de que C. se donde se pudieran reunir muchos de los
encuentre incrustado dentro de todos pacientes aquí mencionados; algo pare-
los personajes que le rodean incluyendo cido a lo que pudiera llamarse un “club
tanto al director como a los administra- social” para los que estaban en mejores
tivos del psiquiátrico; lo que hace su- condiciones, no para los pacientes del
poner que el personaje central conozca cias, porque su comportamiento, aparte grado sexto al décimo obviamente.
todos los intríngulis del centro. Natural- de sus camisas de dibujos psicodélicos a También me parecen extrañas algunas
mente se llega al nal de la novela con las que adornaba con unos lazos o pa- aventuras amorosas del doctor Evoco y
un desenlace que, si bien parece inespe- jaritas al uso, como las describe C., no más extraño que el protagonista pueda
rado tal y como se va desarrollando la tendría mayor importancia sino fuera tener en su habitación toda una serie de
trama, hay de él su cientes pistas para porque el capellán “era el faro espiritual novelas que le trae su esposa de vez en
que el nal resulte más interesante que en el camino al Señor” y, como lo asistió cuando como En busca del tiempo perdido
original.
en su último momento de este mundo, de Marcel Proust. ¿Tanto espacio de
Los personajes de la novela, al es mejor no desvelar lo que C. sintió al estanterías tienen en los cuartos?
menos los más representativos, parecen verlo junto a él y sin su pajarita o sus El manuscrito entregado a C. resul-
tener vida propia en la imaginación de cintas chillonas.
ta ser muy ingenioso, tanto que a veces
C. El haber sido profesor en la univer- El resto de los personajes son muy he pensado si no será el propio Alfonso
sidad de su ciudad le ha servido para ir curiosos, incluidos los cuidadores que E. de Molins su autor. De su exuberante
entreteniendo sus días y urdir aventu- deambulan por los pasillos y salones imaginación es de esperar que este nos
ras con sus compañeros de “encierro” donde están los “internos” libres de depare en el futuro nuevas sorpresas
dentro del psiquiátrico que él cali ca los cuerdos de la calle (que son los que pese a ciertas conductas inverosímiles
como un mundo diferente, ya que los realmente están locos). Nuestro pro- de sus personajes, cosa que no llega a
que están realmente locos, según C., tagonista llega a inventarse una nueva suponer un demérito para la novela.
son las personas que están fuera: en las expresión: lo que para la ciencia es un Si lo que ha tratado es de divertir al
calles de la ciudad, en las o cinas, en los “lapsus mental”, para él es un “desen- lector, no hay duda de que Molins lo ha
restaurantes.
chufe mental”.
conseguido. La historia tiene su gracia y
Un personaje muy curioso, según Tienen mucha gracia personajes los personajes imaginarios también. No
mi modesto entender, es el capellán de como la celadora Paca, que se enfada si tanto si lo narrado trata de ser la des-
la residencia, Benedicto, cuyo nombre la llaman Francisca; Saturno, el médi- cripción de un psiquiátrico, residencia,
trae reminiscencias papales de hace co residente; el doctor Ignacio Evoco, casa de salud o como se le quiera llamar.
unos pocos años. Pero solo reminiscen-
médico de la residencia de rasgos es-
La realidad es diferente.
97

