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—Gracias, Sr. Rushbury. — jir aterrador de vigas y ladrillos
Ahora la Sra. Smith se dirigió con cayendo, lo que demostraba que
ojos arrobados y sonrisa aduladora el viejo caserón contiguo se había
a su marido: —Jack, ¿qué te pare- derrumbado.
ce si añadimos una hermosa plan- Un grito desgarrado salió de
ta de bodega de 650 pies al rancho la Sra. Smith: —¡Es un terremoto,
vacío de tus padres?
un terremoto!
En mes y medio el búnker California está atravesada por
subterráneo –perfectamente disi- la fatídica falla de San Andrés y
mulado en el paisaje con aperturas es la región de mayor riesgo sís-
al campo y al viejo edificio – es- mico de toda Norteamérica. El Sr.
tuvo listo para ser habitado. Los Smith quiso encender la luz, pero
Smith se encargaron en sucesivos estaba cortada.
viajes de introducir en el búnker —Cálmate, Emma. Se ha ido
conservas y otros alimentos al la luz. Toma una linterna y pon en
vacío o deshidratados, capaces de marcha el generador. Voy a mirar
“afrontar la resistencia de un año.
las arquetas de salida.
La escotilla de salida al cam-
po estaba atorada. La presión del “
La vida está justo al
terreno había deformado la pieza
otro lado de esa trampilla
úúmetálica de encaje, inutilizando
éel mecanismo de apertura. ¡Esos
albañiles mejicanos, malditos cha-
puzas!
í
Cuando llegaron los días
En el otro lado, la trampilla de
en que la gran urbe parecía una acceso al interior del viejo caserón
caldera a punto de estallar, los ñbasculaba bien sobre sus bisagras,
contagios en alza, las calles hir- ípero el hueco se veía obstaculi-
viendo de protestas, despidos la- zado por escombros que se haría
borales, ocupaciones, saqueos de preciso remover; eso si el peso
í
supermercados, colas del hambre, acumulado de esos derribos lo
íó
enfrentamientos con una policía permitía.
desbordada y toques de queda Hay veces que las desgracias
quebrantados; los Smith ya se ha- las interpretamos como un aviso
áí
llaban preparados. Completaron tardío. Queríamos vivir y hemos
la camioneta con un generador, vivido... ¡como topos! Un verso de
un botiqun con antivirales Rem- los mexicas en el Icnocuícatl decía
desivir, la manejable pistola SIG más o menos: «¿A qué hemos ve-
Sauer, un saco de kilos de papel nido aquí: a vivir o a durar?». Tal
higinico y abandonaron San vez el búnker representa solo una
Francisco sin volver la vista atrs.
forma de durar, como en la UCI,
Su vida en el interior del pero no exactamente de vivir.
bnker transcurra relajada y tran- Ahora la vida está fuera, justo al
quila, disfrutando de la lectura, la otro lado de esa trampilla embo-
msica, el yoga y otros beneficios zada.
de la soledad compartida. Haba Emma, asustada, se acercó a óíó
á
pasado el invierno y corra el mes su marido.
de abril, cuando un da sobre las —¿Podemos salir, Jack?
cinco de la maana los Smith se Jack la abraz largamente y,
despertaron bruscamente al sentir fingiendo el aplomo que solo a
unos fuertes temblores de tierra John Wayne haba visto exhibir en
que sacudieron el recinto varias la pantalla, le dej caer:
veces abriendo unas feas grietas —Antes habr que trabajar un
en el muro. Luego, tras un ruido poco, ¿no crees? Voy a por la mo-
sordo prolongado, se oy el cru-
tosierra.
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