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¿Resistencia o cambio?
El búnker o la vida
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V. Herráiz
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Ellos solo querían resistir, preservar su vida. Tal vez solo se equivocaron de camino
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La sufrida pick up, cargada con agona durante horas caído en el obtenían la preferencia en la va-
los ltimos paquetes, tom la sali- suelo de tu propio apartamento ícunación para sí y sus allegados.
da de la autopista interestatal 880 urbano, sabiendo que los agotados Mafias en la sombra creaban un
de San Francisco y se intern en la sanitarios no siempre llegaban a úlucrativo mercado negro de vacu-
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pista semiasfaltada que conduca tiempo de salvarte. Los Smith, nas incluyendo el engaño total de
a su destino final: el pequeo ran- como tantas otras familias, per- vender meros placebos. No, no iba
cho de los Smith, en las lomas de dieron a sus dos ltimos mayores úía haber vacunas para todos en un
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Pinbits, California.
en una residencia y su nica hija ótiempo razonable. Mientras tanto,
La Sra. Smith vena condu- haba perecido hace un ao en el la gente seguía muriendo. El virus
ciendo en silencio. Por eso su voz hospital por el maldito virus. ¡De- mutaba en variantes más infec-
repentina son como el eco de una monios, Jack, ya basta! Hay que íciosas o letales —como la califor-
bala perdida:
moverse. No puedes esperar a que niana—. Y para colmo se había
—Lo estamos haciendo bien, todo lo haga el Estado. ¿Dnde anunciado la aparición de brotes
¿no es cierto, Jack?
est ese legendario espritu ame- de otros virus soterrados como la
Su marido, el Sr. Smith, res- ricano? Tienes que actuar por ti gripe aviar o la lengua azul, incre- óó
pondi sin apartar los ojos del mismo; tienes que hacer algo por mentando el sufrimiento de una
parabrisas:
ti y por Emma, antes de que sea población mundial que soportaba
—No tengas ninguna duda, demasiado tarde.
ya tres años de continuo castigo.
Emma. Tal y como se han puesto Los Smith tampoco comul- Los medios vaticinaban una situa-
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las cosas, pasar una buena tem- gaban con los vociferantes nega- cin apocalptica.
porada refugiados en el bnker es cionistas. Crean en la ciencia. Y Los periodistas de investiga- ñ
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la mejor decisin que podamos tenan depositada su esperanza en cin fueron los primeros en dar
tomar.
las vacunas que salieron al merca- la voz de alarma: ejecutivos de las á
Fue una decisin madurada do. Pero, al poco, sus expectativas grandes compaas energéticas,
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a fuego lento por la misma evo- sufrieron una profunda decep- gestores de fondos de inversión,
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lucin de la pandemia. No haba cin. Percibieron cmo poderosas y directivos de las ms populares
sido una loca ocurrencia. Tampo- farmacuticas demoraban la entre- corporaciones informticas habían
co —como algunos podran pen- ga de las dosis previstas, imponan iniciado discretamente unos viajes í
sar— una paranoia producto del precios y condiciones secretas a de «negocios» a zonas del Pacfico,
miedo a morir de neumona bila- los Estados... Multimillonarios
para instalarse con sus squitos
teral, ante la imagen de una atroz
y autoridades en todos los sitios
en villas aisladas en el campo o en
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